Una de las cosas más difíciles de este mundo es encontrar la fuerza para automotivarnos a hacer algo que puede ser duro o tedioso. Es que la verdad nuestro cerebro no está muy bien diseñado para eso y le es fácil convencerse a sí mismo de que está bien si no hace lo que sea que se busca hacer con la motivación. Principalmente el problema es que solemos ver a nuestro yo del futuro como otra persona sin darnos cuenta. Por eso muchos cuando intentan motivarse a si mismos se encuentran como quien intenta escalar una pared sin escalera ni alguna grieta donde apoyar el pie, simplemente no hay nada de donde agarrarse y se hace imposible la escalada.

Pero, para seguir con la metáfora, los escalones están allí, solo que el cerebro es bueno en convencerse de que no están para no tener que hacer el esfuerzo de subir. Es por eso que un buen consejo es no automotivarse. En la medida de lo posible encuentra a alguien que te motive y te recuerde el motivo por el que lo estás haciendo.

Pero si no puedes o no quieres recurrir a alguien más, hay una extraña técnica que puedes usar. Juega con tu cerebro y motívate en tercera persona. Como si fueses alguien más motivándote desde afuera. Lo creas o no esto logra engañar a tu cerebro y hace que la motivación que te des a ti mismo sea mucho más efectiva como si efectivamente alguien más te motivara y diera motivos para seguir.